Discurso sobre Malvinas en el recinto

Discurso sobre Malvinas en el recinto

*Por Fernando Iglesias

Sr. Presidente (Fellner).- Tiene la palabra el señor diputado por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Sr. Iglesias.- Señor presidente: en primer lugar quiero hacer una breve reflexión sobre el tema de la soberanía.
La soberanía en el siglo XXI no puede responder a los mismos parámetros que eran habituales en el siglo XIX. La soberanía ya no es plantar una bandera e incluir un territorio en el mapa. En el análisis de un concepto moderno de soberanía debe tenerse en cuenta la ausencia de una política demográfica, de recursos naturales y de una política energética en la Argentina actual.

No me voy a detener demasiado en este punto por los motivos que ha enunciado la doctora Carrió, pero la triste realidad es que la Patagonia está vacía y hablar de una ausencia de política demográfica es ser muy indulgentes en la crítica.La acumulación de pobres e indigentes en las periferias de las grandes ciudades del país y la Patagonia vacía son las caras de una misma moneda. Pensar que esto forma parte de la ausencia de una política demográfica y no de parte de un programa de clientelismo político es una concesión que hacemos provisoriamente al Gobierno.
Está bien rescatar el concepto de soberanía, pero sería mejor si lo vinculáramos con una política demográfica de ocupación de todo el territorio del país.
También quiero llamar la atención sobre el tema de los recursos naturales, ya que actualmente están siendo extraídos de las cuencas mineras en base a una legislación de la siempre criticada década del 90. Como consecuencia de esa legislación, que está vigente, de los recursos naturales que se extraen irreparablamente por una sola vez solo una pequeña porción de la riqueza producida queda en el país.
También quiero llamar la atención sobre la ausencia de una política energética, porque nos ocupamos de explorar la enorme plataforma del extenso mar argentino sólo después de que Inglaterra envía una plataforma de exploración petrolera desde el otro extremo del mundo, lo que denuncia la ausencia de una política de Estado con respecto al sector energético.
Por lo tanto, el tema de la soberanía se inicia necesariamente con el rechazo de la presencia de una potencia extra continental en Malvinas, pero no se termina allí, ya que requiere una política de Estado en materia demográfica y de recursos naturales y energéticos.
Quiero cerrar mi discurso pensando no sólo en el pasado, sino también en el futuro, y el futuro es la Antártida. El tema de Malvinas esconde la cuestión de la Antártida y la explotación de sus recursos. El Tratado Antártico se vence en 2048, y ya hay potencias, como la Unión Soviética, que han plantado banderas y anunciado su voluntad de explotar esos recursos en el Ártico y en la Antártida.
Por lo tanto, los temas de la Antártida y el de las Malvinas están estrechamente ligados. Si bien no he coincidido con muchas de las apreciaciones de mi amigo y colega, el señor diputado Godoy, ex presidente de la comisión de Relaciones Exteriores, quiero rescatar una de las mejores iniciativas que ha tenido la Cámara en estos dos años.Me refiero a la presencia de diputados argentinos y chilenos en una reunión conjunta en la Antártida, donde se fijaron dos criterios básicos. En primer lugar, el rechazo de la presencia de una potencia extracontinental en la zona. En segundo término, la postergación de la discusión del tema de la soberanía y de las disputas entre Chile y la Argentina en relación a la Antártida.
Pareciera que falta bastante para 2048, pero con la aceleración del tiempo que experimenta la sociedad global, en realidad, el tiempo no es demasiado. La pregunta es: ¿qué vamos a hacer con la Antártida. ¿La vamos a poner en el mapa mientras los chilenos, los brasileños y los británicos también la ponen en sus mapas y enseñan que la Antártida es chilena, brasileña o inglesa? ¿O tendremos una política activa con respecto a la Antártida?
Me parece que la presencia de diputados chilenos y argentinos y el acuerdo de postergar la discusión sobre la soberanía debe profundizarse con una propuesta. Creo que debemos explorar la posibilidad no sólo de postergar la discusión con respecto a la Antártida por determinado tiempo, sino que esa subordinación del tema de la soberanía al de la integración regional debe hacerse indefinida y permanentemente. Dado que nos estamos ocupando de la integración regional en el continente, debemos pensar en términos de una una autoridad conjunta argentino-chilena en la Antártida y de la explotación conjunta de sus recursos naturales. Me parece que esta posibilidad merece al menos ser considerada en la agenda de integración regional.
Esta presencia simultánea de la Argentina y Chile marca lo que debería ser una política activa presente para las Malvinas y para la Antártida, que es la integración regional. La soberanía nacional no se puede discutir en el siglo XXI a partir de una noción decimonónica, nacionalista y aislacionista, sino a partir de la integración regional. Sin integración regional, sin grandes países de la región que nos apoyen en la reivindicación básica de que ninguna potencia extracontinental debe tener territorios en Sudamérica, va a ser muy difícil que podamos avanzar más allá de hacer mapas, colocar banderitas y quejarnos en los foros de la ONU, sin que nada de esto se manifieste efectivamente en una soberanía efectiva, demográfica y de recursos naturales, sobre un territorio.
La unidad del bloque regional, del Mercosur, y en particular del UNASUR, que en materia de defensa tiene un contenido muy fuerte, debe ser clara respecto del rechazo de la presencia extra continental en malvinas, y debería ser la clave primera de una política activa para las Malvinas y, en el futuro, para la Antártida. Digo esto porque una estrategia regional y no aislacionista nos permite aliarnos a muchos actores regionales –me refiero claramente a Brasil- que tienen un interés directo en que no haya una presencia británica y, sobre todo, una presencia militar extracontinental cercana a las costas de Sudamérica.
Me parece que ésta debería ser la prioridad de la política con respecto a Malvinas, y tendría que incluir estos dos ejes: políticas de Estado a nivel nacional en materia demográfica, de recursos naturales y energéticos en el corto y mediano plazo y, en el más largo plazo, una política de integración regional que incluya la discusión “bloque a bloque” de los temas que tienen que ver con los últimos vestigios de una presencia colonial en las tierras y los mares del sur, que todo el bloque regional rechaza. Es responsabilidad de la Argentina y de su Gobierno hacer que las declamaciones sobre la soberanía se transformes en políticas de integración regional activas.

*Diputado Nacional