
* Por María Eugenia Estenssoro
Tener crédito significa ser creíble y generar confianza. Justamente es lo que el Gobierno perdió y necesita desesperadamente. Apoderarse de las reservas del Banco Central sin autorización del Congreso, violando la ley y eludiendo tres fallos judiciales en contra lo aleja aún más de ese escenario de certidumbre.
El Gobierno dice que quiere dejar de vivir con lo nuestro, como sostuvo fervientemente durante los últimos seis años. Ahora aspira a que el país retorne a los mercados de crédito internacionales. ¿Quién podría oponerse? El aislamiento nunca es bueno.
Recuperar el crédito debe ser una meta conjunta del oficialismo y la oposición, pero me temo que el Gobierno sigue eligiendo el camino equivocado.
La Presidenta y sus funcionarios afirman que si usan las reservas del Banco Central para pagar las deudas que quedaron pendientes del default de 2001 podríamos acceder a créditos internacionales para financiar crecimiento y proyectos de desarrollo a tasas del 6% anual en dólares, como nuestros vecinos, y no a tasas insostenibles, del 14% o 15%, como ocurre desde hace cuatro años.
Lo que no dicen -¿o no saben?- ni Cristina Kirchner ni la presidenta interina del Banco Central, Mercedes Marcó del Pont, es que las altísimas tasas de interés que paga nuestro país no se deben principalmente a las cuentas que quedaron sin saldar del default, sino a la manipulación sistemática de los índices de inflación, que comenzó a fines de 2006 para engañar a los tenedores de bonos argentinos.
El ardid oficial, un pilar esencial del "modelo", se instauró para trampear a quienes compraron o aceptaron títulos argentinos. Estos títulos tenían un cupón de interés atado a la inflación anual. Cuando ésta empezó a descontrolarse, en 2006, en lugar de enfrentar el problema y reducir el alza de precios, el gobierno de Néstor Kirchner decidió intervenir el Instituto de Estadísticas y Censos (Indec) para pagar menos intereses.
Tener crédito significa ser confiable. Pero la credibilidad es justamente lo que el Gobierno destruyó a medida que el fraude estadístico del Indec se extendió a diversos rubros, como las cifras de pobreza, indigencia y desigualdad, impidiendo que hoy sepamos a ciencia cierta cuál es la situación real y que encaremos soluciones concretas.
El costo político y económico de esta trampa ha resultado enorme. Y es la verdadera razón por la que el Estado argentino no accede a financiamiento internacional a tasas razonables. ¿Quién le va a prestar dinero a un gobierno que les miente no sólo a sus acreedores sino a todos los ciudadanos?
Por otra parte, la conflictiva estatización de las AFJP y el uso recurrente de los fondos jubilatorios del Anses para financiar al gobierno nacional han sido victorias a lo Pirro, que contribuyeron a profundizar el clima de desconfianza general, tanto dentro del país como fuera de él, elevando aún más las tasas de interés.
Si el Gobierno quiere recuperar el crédito -es decir, la credibilidad-, en primer lugar deberá reconocer la inflación real, sincerar las cuentas públicas y restablecer la veracidad del Indec. Es importante que este proceso se haga por consenso y mediante una ley del Congreso Nacional. En el Senado ya estamos trabajando.
En segundo lugar, deberá rediscutir en el Parlamento el presupuesto 2010, que ha quedado desactualizado por la inflación y el gasto creciente. Oficialismo y oposición debemos debatir abiertamente cómo hacer frente a los vencimientos de la deuda externa y cómo financiar el aumento del déficit fiscal de las provincias y del Gobierno.
El ámbito natural para discutir y encontrar soluciones a todos estos problemas es, sin dudas, el Congreso Nacional. ¿Por qué? Porque el artículo 75 de la Constitución establece claramente -en sus incisos 6, 7, 8 y 9- que son facultades del Congreso.
La situación económica de la Argentina hoy es delicada, pero de ninguna manera crítica. En cambio, la situación política sí lo es. Si el Gobierno acepta ceñirse a la letra de la Constitución y dialogar con las fuerzas de oposición en el Congreso -espacio institucional designado para el diálogo político en democracia-, encontrará allí las soluciones que está buscando.
Si el Gobierno aprovecha esta oportunidad, recuperará no sólo el crédito internacional, sino la credibilidad y la confianza de los argentinos. El crédito político, como todos sabemos, es lo que un gobernante más necesita.
* Senadora Nacional por la Coalición Cívica
Fuente: LA NACION