El kirchnerismo lleva un paso más allá el criterio de que el fin justifica los medios. Los medios que utiliza para lograr sus objetivos, son tan arbitrarios que llegan a contradecir sus propios fines. Un ejemplo de esto es el proyecto de reforma política.
Este proyecto oficialista está titulado “Ley de democratización de la representación política, la transparencia y la equidad electoral”.
La presidenta observó que no fue tan fácil obtener la media sanción en Diputados, ya que los partidos de centroizquierda, que habían acompañado otros proyectos del Gobierno, esta vez no lo hicieron, dado esta ley perjudicaría a los partidos chicos. Entonces, con tal de obtener su fin de lograr la aprobación de la Ley, extendió el período de sesiones ordinarias del Senado hasta el 10 de diciembre. Por otro lado, Kirchner sigue promoviendo borocotazos para lograr apoyos en el Senado, como antes fue la senadora del bloque de Reutemann, ahora le toca el turno al recién electo gobernador de Corrientes.
Estas prácticas degradan la representación política y la transparencia, que son el objeto de la ley según su propio título.
El proyecto de emergencia económica es una ocasión aún más propicia para presionar a las provincias, y por ende a los senadores, ya que significa engrosar la chequera del gobierno nacional, la herramienta por excelencia del matrimonio presidencial para lograr lealtades. La supuesta emergencia económica se eterniza, precisamente por estas prácticas en las que el dinero público se malgasta en lograr objetivos políticos para el grupo gobernante.