El gobierno testimonial

Kirchner primero adelantó las elecciones, y ahora adelantó el Carnaval.

Kirchner entendió, tarde, que había perdido su apuesta electoral de las candidaturas testimoniales con su consecuente degradación del concepto de representación parlamentaria. El oficialismo intentó entonces avanzar lo máximo posible a pesar del resultado electoral, usando todos los métodos de encorsetar a la oposición, apurando proyectos antes de que el nuevo Congreso electo asuma el 10 de diciembre, presionando a los senadores y a los medios de comunicación, restringiendo el debate, cambiando textos de proyectos.

Lo paradójico es que los proyectos en sí, se presentaban tras una máscara políticamente correcta, una ley de medios de la democracia, un proyecto para ayudar a la búsqueda de la verdad sobre hijos de desaparecidos, un proyecto de reforma politica. Títulos que por sí mismos nadie con espíritu democrático podría rechazar. Pero esta presentación de proyectos eran máscaras con la intención de atacar concretamente a quienes ven como una amenaza: Los grandes medios de comunicación y los partidos de oposición. Una ley de medios que tiene como objetivo que éstos respondan al poder. Una reforma política que vuelve al bipartidismo de los pactos de cúpulas y la corporación política e intenta destruir la aparición de alternativas independientes e innovadoras. Un proyecto de ley para forzar la extracción de ADN de los que fueron (y aún son) víctimas de la muerte de sus padres y la pérdida de su identidad pero como ciudadanos adultos tienen derecho a decidir. Un proyecto para la niñez que mantiene el clientelismo, sólo que lo cambia de mano y además toma fondos de los jubilados para liberar otros fondos quién sabe con qué fines. Máscaras que tapan las verdaderas intenciones del desfile de un carnaval de proyectos que ahora lanza el gobierno, también simbolizan que al ser vencidos por la oposición el 28 de junio, al adoptar hoy la reforma política, inventar un falso diálogo con la oposición, fracasar por enésima vez en el diálogo con el campo, intentar retomar el contacto con nuestros vecinos Bachelet y Lula, están haciendo lo que la oposición viene reclamando hacer en serio desde hace mucho tiempo, pero ahora el gobierno intenta apropiarse de la propuesta de la oposición en forma superficial y tergiversada, pero no con los fines de aquél reclamo que eran la institucionalidad y el bien del país, sino para sus propios fines electorales y de poder, y también para tapar la creciente ola de casos de corrupción que afectan al gobierno nacional. Las candidaturas testimoniales eran aquellas que nunca se iban a convertir en cargos. Ahora tenemos un gobierno testimonial que, teniendo en su poder los cargos, se esconde atrás de las máscaras de las ideas de la oposición para perseguir sus propios fines.