Responsabilidad de gestión y responsabilidad ciudadana
La gran cantidad de muertes que ocurren en el tránsito, y que aumentan notablemente cobrando estado público en las vacaciones de verano, no crea la debida conmoción en la sociedad, y las acciones que es posible tomar cuando las causas no son aleatorias y está dentro de las posibilidades de quienes gobiernan y dentro de quienes integramos los candidatos a víctimas o victimarios de los llamados accidentes de tránsito.
Una de las causas, y esto es válido tanto para las ciudades como para rutas y autopistas, es la violación sistemática de las reglas de tránsito, como ser los límites de velocidad, la falta de uso de luces bajas, la falta de uso de luces de giro, de respeto a los carriles, y muchas otras. Pero además de la violación de normas específicas, que ya es grave, manejamos con falta de responsabilidad, con actitudes agresivas, a veces con una impaciencia injustificable, pegándonos al vehículo que nos precede para presionarlo a que nos ceda el paso sin importar las consecuencias de tal maniobra, y otras, por el contrario, yendo a baja velocidad por el carril rápido como si fuésemos los únicos en la vía pública.
Si obligamos por fuerza bruta a que otro conductor se aparte bruscamente de nuestro camino, yendo al carril más lento, podemos estar obligándolo a quedar detrás de otro mucho más lento, por lo tanto teniendo que frenar bruscamente, y así provocamos un accidente.
Si queremos pedir paso a otro vehículo tengamos la consideración de ver si le resulta posible pasarse al otro carril, de hacerle señas con las luces para solicitarle que se corra, de darle espacio suficiente para bajar la velocidad, cosa que no puede hacer si nos pegamos atrás de su auto, de permitirle que a su vez pase a los vehículos más lentos para que pueda ir tranquilamente por el carril derecho, y de que no se encuentren en una curva o en un puente.
Pasar por la derecha es otro causante de accidentes, dado que podemos embestir a un auto que circule lentamente por la derecha o al mismo que queremos pasar si tiene la intención de correrse para que pasemos por la izquierda.
¿Es tan difícil usar la luz de giro? Muchos no la usan para doblar ni para cambiar de carril. Los cambios repentinos de carril pueden ser mortales, por ejemplo cuando un auto que va por el carril lento decide pasar a otro justo en el momento en que alguien viene rápido por la izquierda.
También hay quienes en una autopista inventan el “tercer carril”, cuando se meten en el medio y tratan de pasar en el espacio justo entre dos autos. Ni hablar los que no respetan las velocidades en las zonas urbanas.
El realizar acciones que sabemos que ponen en riesgo al prójimo, a nosotros mismos y a nuestros seres queridos, nos descalifica como alguien apto para manejar un vehículo. Pero además, ¿Qué ocurre con nuestro rol como ciudadanos? ¿Qué hay del respeto por el prójimo? Porque el que viaja en otro auto no es un competidor al que debemos superar en una carrera, es un ser humano, como nosotros, que merece la misma dignidad que nosotros, que va a disfrutar de sus vacaciones como nosotros. ¿Porqué someterlo y someternos a un stress excesivo, a un riesgo mortal, sólo por llegar unos minutos antes? ¿El estar frente un volante nos transforma en ese ser inconsciente e insensible, o el conducir de este modo es simplemente expresión de una actitud ante la sociedad? El otro no importa. Ni su vida, ni su voluntad, ni su integridad. La ley, que regula las relaciones entre los integrantes de esta sociedad, en consecuencia, tampoco importa.
La responsabilidad de gestión sufre también las consecuencias de ser ejercida por gente que tiene su origen dentro del mismo pueblo que los automovilistas, aunque muchas veces lo olviden cuando están en el poder para gobernar en beneficio de los ciudadanos, vienen con los mismos problemas de conciencia cívica que quienes los votaron.
Los planes viales se anuncian cuando hay crisis, como una forma de alejar el fantasma del desempleo, cuando hay ministros que manejan dinero que tienen las obras bajo su esfera, cuando hay peajes que cobrar, pero no se planifican pensando en la necesidad del transporte y en la seguridad vial.
Desde que a la ruta 2 y otras que conducen a nuestra costa atlántica, fueron ensanchadas, se redujo notablemente la cantidad de accidentes fatales en las mismas. Pero aún existen muchas rutas del país que no tienen doble carril y, peor aún, no tienen banquina, o tienen deficiencia en su mantenimiento. ¿Cuántas vidas se salvarían si esas rutas tuvieran dos carriles de cadamano? Es cierto que aún en las rutas que fueron convertidas en autopistas, por las imprudencias y contravenciones que mencionaba antes, que en muchos casos quedan impunes por la falta de control, siguen existiendo accidentes. Sin embargo las autopistas los han reducido muchísimo, por lo cual además de obligar a los automovilistas a cumplir la ley, los gobiernos nacional y provinciales deben convertir todas las rutas en autopistas para salvar miles de vidas.
Daniel Pecheny