Primer culebrón informático-político
Siempre me gustó tejer; pero no me acostumbro todavía a la mecedora sintética, ni al hilito de acero. Sé que soy una antigua, pero…-cavilaba Esperanza.
-¿Qué hacés, ma? ¿Otra vez con lo mismo? Chau, caput, siamo fuori, lo que quieras. Se a-ca-bó.
-Es que no puedo entender que vos no te acuerdes. Yo te tejía sweaters con lana, que era como un hilito que se sacaba de las ovejas -ese era el momento en que mi hija me miraba como si estuviera desvariando.
-¡Qué asco, ma!
-No, se les cortaba la lana, que era como un vestido y de ahí se sacaba el fleco. Te juro que en ese entonces había animales, que se criaban en unos lugares que se llamaban “campos”. Claro todo eso fue antes que unos amigos de la familia reinante, que los había constructores, hoteleros, choferes, fabricantes de lapiceras, de gasoductos, proveedores de alimentos, concesionarios de autos, exportadores de efedrina, agentes de turismo, dueños de casinos, de radios, de canales de televisión, de empresas de aeronavegación, de trenes, narcotraficantes, valijeros, inventores de movimientos ¿sociales?, gremialistas, y todo lo imaginable y lo que no… Ay, me perdí. Ah, ya sé; eso fue antes que un “allegado” al poder (como se dice desde entonces) ganara “una licitación transparente” para embaldosar el país, de punta a punta. Fue en los tiempos de “hay que terminar con ese yuyito”. Creéme que debajo de estas baldosas, hay algo que llamábamos “tierra”. Y ustedes tenían amigos, amigos “de verdad”; se veían, salían a la calle, se podían tocar. No ponían “ja ja” en la pantalla con un emoticón; en ese entonces, se miraban a los ojos-.
Cada vez que yo sacaba la bandera de la nostalgia, Libertad Argentina ponía la clásica cara de ¿falta mucho?
- Dale ma. Que sea rápido. Lleváme a tu museo.
El ritual era siempre el mismo (lógico: era un ritual). Sacaba el papel manteca con el cual lo envolvía, y mostraba a mi hija un tesoro muy bien conservado: el libro “Upa”:
- Con éste aprendí a leer.
Libertad Argentina solía impacientarse:
-¿Y el otro?
-Este, se llamaba Guía de Teléfonos. Si, mi amor. Los
números se buscaban en estos armatostes gordos y pesados. Son tantos recuerdos…
-Sigamos- se impacientaba Libertad Argentina.
-Y este es el último- Y entonces le mostraba un libro desvencijado, roto por donde uno quisiera verlo, con hojas arrancadas, manoseado y ultrajado con saña-Llegado ese momento jamás podía evitar las lágrimas- Y esta, es la Constitución Argentina.
Libertad Argentina irremediablemente estallaba en una carcajada cuasi satánica y arrancaba de mí un silencioso reclamo a Los Cielos:
“Señor, porqué me tocó esta tarada”.
¿Porqué me pasó esto a mi?
Yo, que soy una militante de la vida.