¿Democracia o Justicia Social? Por Hugo Polcan

Con la lucidez y la agudeza que lo caracterizan, Amartya Sen, Premio Nobel de Economía, se atreve a plantear en uno de sus libros una cuestión que hoy aparece en nuestro medio como crucial en un momento de grave crisis tanto económica como institucional: ¿Qué es lo primero: erradicar la pobreza o garantizar las libertades políticas?
Es lógico y es ético pensar que, ante las urgencias, “primero la gente”. Lo cual significaría que las cuestiones institucionales no tendrían el mismo grado de importancia.
Pero el mensaje profundo de A. Sen es que así la cuestión está planteada como una falsa dicotomía ente Justicia Social y Democracia, y de lo que se trata es de reconocer las interrelaciones entre las urgencias tanto sociales como institucionales. Nos viene a decir que la Democracia es la que garantiza el derecho a la participación, que el sistema republicano es el que permite atender en forma genuina a las necesidades sociales y que para saber cuáles son las necesidades más urgentes y cuáles los medios para la erradicación de la pobreza no hay otro camino que el debate democrático.
Ejerciendo la participación y ejercitando sus derechos, la ciudadanía puede hacer oír la justicia de sus demandas. ¿Qué otro camino puede garantizar eso? ¿De qué otro modo evitar el peligro de recetas economicistas o enfoques corporativos generados por intereses sectoriales o ideologías de clases?
En los atriles de la pareja presidencial resuenan ecos consonantes con esta falsa opción. No pueden oír las palabras “instituciones republicanas” sin interpretarlas como el mantenimiento de una estructura burocrática de legisladores ociosos o de instrumentos formales de una “escribanía” del Ejecutivo. Lo dramático y paradojal es que el kirchnerismo nos ha llevado a un desmantelamiento de las instituciones democráticas y a la vez a un incremento del índice de pobreza.
La realidad es que Democracia, Desarrollo y Justicia Social están tan inextricablemente vinculados que no se puede dar uno sin los otros.
Es cierto que la principal responsabilidad ética de un gobierno democrático es la lucha contra la pobreza. Pero no existe otro camino para asegurar la Justicia Social y el Desarrollo que el de la Democracia. La República es el nuevo nombre de la Opción por los pobres.