Esperanza, por Cristina Bouciguez
Cada vez que se acercan las elecciones, escucho hablar de “salud y educación” como prioridades de los futuros gobernantes. Y yo, que soy una optimista patológica, les creo. Pero se me ocurrió confirmar esas promesas…. ¡Y ESCUCHÉ ESTO!
Dicen las reglas que los médicos han de pasar por las trincheras. Un médico de hospital gana aproximadamente…
¡Ay, ay, ay! No puede ser. Tiene que haber otra opción. Becas…
Si vos creés que las becas son una subvención para que alguien estudie o “no se qué”, ERROR. Es un trabajo como cualquier otro, en centros de salud estatales, pero en negro. Gana un poco más que si es de planta, pero ni vacaciones, ni cobertura social. Es en NEGRO-NEGRO. ¿Entendiste?
¿Será por eso que: hacen hospital, clínicas, consultorio, etc.?
¡Ni te imaginás lo que pagan las obras sociales! Preguntá…
No podía creer lo que escuchaba. ¿Estaré alucinando? Hice una consulta con una psicóloga (¿Porqué son tantas minas, y en los congresos la mayoría de lo expositores son hombres? En fin, dejemos eso para otro momento)
¿Será por mi baja autoestima? La noté un poco distraída. ¡Para qué le habré preguntado! ¿Quién dijo que no hablan?
“El 80% de los puestos en psicología de las instituciones estatales, están cubiertas por profesionales que trabajan ad honorem . Para Freud embolsar una entrada razonable, en un consultorio, tiene que tener mas o menos 40 pacientes por semana.” Consejito: si tu terapeuta te confiesa que atiende esas 40 cabezas, empezá a correr (como corrí yo) porque seguramente está peor que vos. ¡Qué buen título “Atrapado sin salida”!
POBRE O LOCA.
Pensé entonces que eran mis orejas tendenciosas o golpistas que estaban falseando la realidad, y me encaminé hacia el consultorio de una fonoaudióloga (Otra vez no encontré ningún flaco. ¿Sabés que en algunos hospitales no admiten mujeres en los equipos de cirugía?) Me fui sin consultar cuando vi a la secretaria llenar las planillas de sus haberes. Pensé en pasarle el teléfono de la psicóloga, pero dejé a la psi llorando a gritos justo cuando llegaba la ambulancia de la emergencia psiquiátrica.
Empecé a pensar muy seriamente en que quizás TODAVÍA no habían llegado las mejoras al área de salud.
¡Probemos con la docencia! Un maestro, según su antigüedad, gana entre …
Haciendo la cuenta del almacenero, vemos que los soldados rasos de la salud y la educación, ante quienes habría que sacarse el sombrero porque son los que ponen su ajetreado lomo todos los días, para que nuestras tiernas palomitas sepan quien fue Sarmiento, y para que nuestros pobres (que cada vez son más,) no sigan muriendo como moscas, no califican ni para comprar un auto y menos todavía una vivienda. Concluyendo que entonces tienen que alquilar y tomar un bondi para ir de puesto en puesto, es un milagro que aquellos que tienen entre sus manos al pueblo entero, no nos ahorquen en una crisis de ansiedad. Ni salud ni educación, pueden estar en manos de personas agotadas. No hay vocación que resista
Mi optimismo patológico se iba desmoronando peligrosamente. Pensé en ir al médico pero no había comprado bonos o a la psicóloga pero se me había agotado las 24 sesiones anuales, amén de recordar que se la habían llevado enchalecada.
No se como es, PERO ASÍ, seguro que no.
Mientras caminaba pateando una chapita por la calle, levanté la vista y pensé: no podrán con nosotros.
No es cierto que ya no nos queda nada. TODAVÍA NOS QUEDA LA ESPERANZA.